lunes, 28 de diciembre de 2009

LAS FORMAS DE LIMPIAR EL ESTADO Y EL CAMBIO- POR MARVIN AGUILAR


Es posible que partiendo de las sospechas que todos los empleados públicos son areneros, que todos los que entraron a trabajar a la burocracia desde 1989 hasta la fecha son sospechosos de ocupar una plaza fantasma, corrupto, incapaz, hasta cómplice de masacres muy poco se pueda hacer para defender a los empleados públicos despedidos. Ahora resultara que partiendo de conclusiones simplistas los 1, 400,000 que llegaron a votar por ARENA en algún momento de la historia nacional son igualmente culpables de genocidio.

Las formas injustas en que los gobiernos anteriores contrataron y despidieron personas no es una justificación moral para que el gobierno actual u otro lo haga tal como se ha venido haciendo. Incluso para reordenar el estado es necesario aplicar la filosofía de crecer, unir, incluir. Además si se compara la cantidad de empleados públicos que había hace 20 años con los actuales se vera que el aparato estatal aumento. De alguna manera se genero empleo desde el estado.

En proporción si hacemos la relación despidos-contrataciones de los gobiernos areneros veremos que hubieron más personas contratadas que despedidas. ¿Qué si eran todos los contratados miembros de ARENA? Pues eso será un tema difícil de definir. Y los que pretendan aclarárnoslo solo estarán llevándonos por una empinada conversación bizantina que tiene como base suposiciones al tipo del Medioevo inquisidor.

Aunque así hubiera sido ¿no son estos empleados igualmente humanos y salvadoreños con familia, que tienen el derecho a ganarse la vida de alguna forma? Existe un refrán popular: la cacha es permitida, ¿no? La gente en los pueblos busca de padrino siempre algún “poderoso” para que una vez llegada la necesidad se encuentre la ayuda oportuna. Es una realidad cultural la nuestra, que las amistades son un capital social invaluable. Que lance la primera piedra el que se sienta libre de pecado.

La burocracia es siempre como el tiempo: lenta. En todos lados. Los vicios de los que se acusa a los burócratas –si revisamos bien- son los mismos de los que adolece la población salvadoreña. Incluso en relaciones tan jerarquizadas y disciplinadas como las pandillas se dan casos de corrupción cuando se manejan las extorsiones, que se resuelven con ajusticiamientos ejemplarizantes para los otros miembros del clan.

¿Tiene derecho el nuevo gobierno a colocar gente de su confianza en los puestos públicos? Si en las jefaturas. No en las plazas técnicas. Es sobre las segundas en donde es necesario hacer un proceso justo. Una reubicación, traslado, capacitación para estimular el cambio de mentalidad se impone antes que una destitución, despido o no renovación de contrato. Pero si ya nada puede hacerse con un empleado público su cesantía deberá sustentarse en base a las leyes laborales y de acompañarse finalmente con una indemnización que permita a este ser humano estabilizarse mientras encuentra una nueva ocupación o suicidarse. Pensar solidario quiero decir.

Ha habido, y seguirán habiendo injusticias laborales. Los humanos somos imperfectos, pero no es ético que se cesen personas por motivos políticos o que se decida que una plaza ya no es necesaria por que no se entiende que funciones realiza esta persona. En el entendimiento del mundo salvadoreño en que el jefe aunque se equivoque sigue siendo jefe; esta directamente relacionado lo que el empleado realiza u omite o como se comporta con el mando superior que tiene.

Las jefaturas centralizadas, distantes de los sub alternos son las que generan ambientes laborales de desconfianza, genuflexión, falta de creatividad e iniciativa las cuales sufren los contribuyentes. Por eso es que las jefaturas deben poseer la confianza de los titulares.

Si el gobierno desea limpiar el estado, que aplique un decreto de retiro voluntario u obligatorio; que jubile a los mayores de 60 años; que realice un examen de capacidad técnica a los empleados públicos y que reubique con nuevas funciones a los que “no hacen nada”. Que el estado sea una fuente de empleos no es malo, es hasta necesario en tiempos de crisis. De no existir el empleo público quizás los arqueólogos, los antropólogos, restauradores, bibliotecarios no existirían en El Salvador. No seguir estos modos, crearse nuevos si se gusta, diferente a la derecha es hacer cambio. Por eso la manera en que se despidió el pasado 23 de diciembre a un número aun indeterminado de técnicos ha sido una forma típica de hacerlo de los antiguos opresores. Arbitraria. ¿Por qué se les mantuvo en secreto su no renovación de contrato hasta el último momento? ¿Por qué se aseguro que no abrían despidos? Finalmente ¿Por qué no se hablo de frente desde el principio?

La solución para algunos parece ser esta en que el oprimido se vuelva igual o peor que el opresor una vez llegados al mando. De allí que no sea alejada la idea que lo que se persigue sea emplear a personas afines al partido de gobierno, con la diferencia que el FMLN tiene mas vocación de partido de gobierno que ARENA. Es decir se exigirá pureza ideológica tanto para ingresar al partido como para aspirar a un empleo publico.

La estabilidad laboral no es algo en lo que yo crea. Prefiero un sistema que permita encontrar trabajo siempre y a cualquier edad. Incluso no comprendo la idea del salvadoreño de encontrar empleo y no abrir –antes- su propia empresa. La realidad es tremendamente opuesta en el país, falta de créditos, delincuencia imposibilitan comenzar un negocio. Por otro lado pasados los 35 años nadie puede conseguir empleo decente. Y esto cada vez más afecta a los jóvenes que están de igual en busca de su primer empleo. Independizarse, formar familia, encontrar y una vez obtenido un trabajo digno es cada vez más difícil en El Salvador, es un reto muy grande para el gobierno Funes comenzar a revertir esta tendencia. Por hoy ha contribuido al igual que la empresa privada a engrosar las filas de los desempleados salvadoreños. Y no olvidemos que detrás de un despedido hay una familia que vera disminuida su calidad de vida. Es una tragedia muy triste la ausencia de empleo en el país.

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