sábado, 23 de enero de 2010

LA NECESIDAD DE ATACAR A UNA SOCIEDAD PARA QUE CAMBIE-POR MARVIN AGUILAR


El autoritarismo ha sido la manera en que se ha transmitido valores en el hogar, Así el padre impone sus criterios personales sobre la esposa e hijos. En la escuela, el profesor igualmente lo hace con los alumnos al que se les presenta como un señor sabelotodo, infalible y con un poder que puede marcar las vidas de los seres humanos para siempre. En la vida política a lo largo de la historia nacional, los políticos han llegado a determinar que democracia no es gobernar siguiendo la voluntad del pueblo, sino dirigir de espaldas a él, y que, cuando esta forma de ejercer el poder no sea del agrado popular, pues que simplemente voten por un cambio. Llegamos sin darnos cuenta al todo o nada.

Nos convertimos, por el empeño que le pusimos a esta conducta en un país mimético, violento, doble moralista, en donde los compadritos y la adulación marcan los privilegios de los favorecidos y, de los que detentan el poder. Por ello cuando se comenzó a reclamar la falta de legitimidad a la fusión entre clase dominante y gobernante; se respondió con el endurecimiento de las categorías conservadoras, con la intolerancia, con el ninguneo de las clases medias y pobres, con el predominio del capital sobre el intelecto. Y esto solo tenía –con todo lo trágico que esto significaba- una salida posible: una guerra civil.

Nada ha cambiado. Somos una nación bipolar y pendular. Y trabajamos incansablemente por convertirnos en una sociedad cerrada. Somos formalmente una democracia pero, arrastramos aún el lastre de la colonia, dictaduras, que mezclado con un mal psicológicamente tratado mestizaje nos vuelve arrieros con corazón de perro. Nuestros caudillos pequeños o grandes, desde un municipio hasta los “liderazgos nacionales” están siempre hambrientos de poder. El cambio generacional se torna patrimonialista, lo cual es aceptado como algo natural. Es posible que esto sea así dentro de nuestra cosmovisión, pero no significa que sea bueno para el espíritu patrio.

Propio es recordar dentro de la cotidianidad nuestra, la carta que enviara Simón Bolívar en 1830 al general Flores en aquel entonces primer presidente de Ecuador, en donde nos decía lo que podría esperarle a los países latinoamericanos:

1- La América es ingobernable para nosotros.
2- El que sirve a una revolución ara en el mar.
3- La única cosa que se puede hacer en América es emigrar.
4- Estos países caerán en manos de una multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas.

Hay que empezar a vivir bien ahora

Aprovisionarse de maíz, frijol, arroz y agua era prioritario en un país con guerra civil. No solo de víveres tendría que aperarse la gente, sino de valor. Murió Chano, el ex empleado del restaurante de mi padre. Dimas su hermano tratando de averiguar lo que le sucedió, desapareció. Pedro el otro hermano mejor emigro a la USA. Arturito el sobrino de la niña Cristina, el del instituto nacional al regresar de clases lo bajaron del bus, y lo asesinaron. Luego el hijo de Chela, la cocinera del restaurante, un hippie, apareció muerto: le golpearon en la boca hasta destrozarle los dientes. Don Tadeo –nuestro vecino- el bachiller ex diputado de la Unión Nacional Opositora, de un balazo en la frente cuando regresaba de su finca con destino a casa, lo asesinaron. Las estudiantes universitarias que alquilaban una pieza en el mesón propiedad de mi familia tuvieron más “suerte”. Desaparecieron una noche, y a los días estaban tendidas en la morgue con sus camisones y moradas, solo les dispararon en la cabeza, no fueron violadas o torturadas. Nadie llego nunca a reclamar sus cosas. Era mejor no preguntar nada, con solo ir a una velación y no se diga a un entierro se le podría considerar a cualquiera sospechoso de rebelde.

Todas estas personas fueron alguna vez parte de mi vida, que como niño alejado de todo entendimiento del pleito ideológico nacional vi enterrar en los años de 1980 a 1981. Todas buenas personas, amigos de la casa, gentes humildes y trabajadoras. Fueron asesinadas quizá por pensar distinto; con el tiempo he comprendido que pensar diferente no es malo, y por eso no puedo aceptar su muerte, aunque me digan que fue para preservar mi libertad. No es moral, no es razonable, no es lógico. Como ya lo he sostenido en otros artículos, hoy bien podría decirse iguales palabras para desaparecer la disidencia.

Mi generación puso los muertos y los inmigrantes de la guerra civil.

Deseo felicitar al señor presidente constitucional de la república de El Salvador, por el valor civil de pedir perdón en nombre del estado salvadoreño a mi generación y todas las generaciones que sufrimos en carne propia la guerra civil de doce años que termino el 16 de enero de 1992.

La contradicción en el discurso

Un ángel se le apareció al khan jazaro, y le dijo: tus pensamientos agradan a Dios, pero tus actos no. Cuando el presidente habla de la reparación moral y material a las victimas del conflicto armado, reconociendo con ello que el estado debe resarcir económicamente a los dañados, se le olvida que frente a una cantidad indeterminada de despidos del sector público durante su corto mandato no han sido, al ejecutar sus medidas de austeridad gubernamental indemnizados, tal como lo manda el articulo constitucional 38 inciso 1º, 11º ordinal cuando habla de la universalidad de esta obligación de los patronos. Muy por el contrario se utiliza en la creación del decreto ejecutivo 101, una sentencia constitucional ya superada.

O todos en el suelo o todos en la cama. La justicia según el ideario de izquierda debe ser universal, establecer para unos la diologuicidad y para otros la antidialoguicidad, es continuar con las prácticas que se acusan del pasado y que tienen como fundamento el autoritarismo del que hablábamos al comienzo de este articulo. La eslogalización en un gobierno que llego bajo la bandera de la izquierda, y por ende del cambio; como de unidad nacional no es más que una estafa al electorado si se generan desempleados; las victimas nuevas en tiempos de paz.

El problema de los presidentes que salen de los medios de comunicación es que son como las estrellas del pop; no trabajan para la historia. Sino para el aplauso largo, ensordecedor de la aceptación mediática. Se les olvida que el tiempo se venga de las cosas que se hacen de espalda a la historia.

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