viernes, 12 de marzo de 2010

LAS CARCELES CUBANAS SON IGUALES A LAS QUE DECRIBIA ROQUE DALTON, GUADALUPE MARTINEZ Y NIDIA DIAZ- POR MARVIN AGUILAR

Varios días mientras viví en Londres caminaba por la calle Portland rumbo hacia mi departamento. Allí esta la embajada de China comunista, y en ese mismo lugar muchas veces observé una pequeña muchedumbre que exigía libertad para el Tíbet. Igual pasaba con la instalación humana frente al parlamento británico en protesta por la guerra absurda de Iraq.

En Cuba muchas veces Fidel Castro acompañado de multitudes se ha apostado frente a la oficina de intereses de Estados Unidos en la Habana, para exigir el fin del embargo comercial a esa nación.

Los marines estadounidenses colocaron altavoces con música rock frente a la Nunciatura Apostólica en ciudad Panamá para que Manuel Noriega se entregara.

En El Salvador, la quema de banderas estadounidenses, desfiles bufos en contra de la política de los gobiernos republicanos hacia el país, discursos anti yanquis que presagian la caída del imperio, han sido hasta hoy habituales y justificados moralmente por diferentes sectores de la sociedad.

Por qué entonces el vicepresidente de la Asamblea Legislativa Sigfrido Reyes pretende de forma exagerada condenar las acciones que miembros de ARENA protagonizaron frente a la embajada cubana. Es más, deberá acostumbrarse la representación diplomática de Cuba, pueblo al que respetamos, y lo sentimos parte de nuestra Latinoamérica, con un gobierno el cual algunas veces parte del pueblo salvadoreño no comulgará y al que le asiste el derecho a protestar frente a esa representación diplomática.

Albañil Orlando Zapata Tamayo (negro)

¿Por qué protestaba la derecha salvadoreña frente a la embajada cubana? Considero dos motivos: que la muerte en la cárcel por negligencia, racismo y clasismo del estado cubano, de un condenado a 30 años por desobediencia, desorden público y desacato convierte al régimen de los hermanos Castro en asesinos de presos políticos.No es la primera vez, ya sucedió en los setentas cuando murió en las cárceles cubanas el estudiante Pedro Luis Boitel.

El régimen de la Habana respondió con la brutalidad misma de las dictaduras que la izquierda Latinoamericana –incluido el FMLN- ha condenado años atrás. Al resto de presos políticos los recluyó en celdas de castigo, aislados, en condiciones infrahumanas, para que desistieran de su protesta.

No hay entre esas cárceles cubanas ninguna diferencia entre las que nos narra Roque Dalton, Guadalupe Martínez o Nidia Díaz en su literatura testimonial: celdas de dos metros por tres, sin cama, con un agujero en el suelo que sirve como retrete, con insectos y ratas. Cuba, al igual que en su oportunidad el dictador Trujillo en la Dominicana, no permite la entrada de ningún organismo internacional a sus cárceles.

86 días pasó Zapata Tamayo sin ingerir alimentos sólidos, en protesta por los malos tratos recibidos por parte del personal del centro de reclusión y por lógica demandando mejoras en el trato para los presos políticos.

Los menos asesinos también son asesinos

La doctrina política defensora del régimen cubano sostiene que: si una dictadura es una revolución, entonces se justifica; pero si no lo es, será una dictadura y nada más. Sostienen además: que una revolución es un avance social, y que los que contra ella atenten estarán pretendiendo llevar hacia un retroceso a esa sociedad; de allí que el delito de contrarrevolucionario o de enemigo del pueblo haya sido la figura jurídica por excelencia para perseguir a los disidentes en los regímenes comunistas o del socialismo real.

Las victimas son las mismas, las haya provocado la derecha o la izquierda. Por eso frente a esa doctrina fuera de época yo me adhiero a la que promueve que la vía democrática al socialismo o “la revolución de la mayoría” deberá estar basada en una democracia de nuevo tipo progresista. Esta permite una amplia y profunda participación popular en todos los niveles de decisión, es decir los problemas de la sociedad democrática se resuelven con más democracia.

Por eso la respuesta del régimen cubano de acusar a Zapata Tamayo de ser un preso común, con un amplio historial delictivo y de conductas agresivas en prisión, ignorando que ya poseía la calidad de preso de conciencia desde 2004, lo vuelven hipócrita.

En efecto queridos lectores, ¿por qué desde la Habana se han justificado las huelgas de hambre de Lula Da Silva otrora líder sindical, y que a su llegada a la isla minimizo la muerte de Zapata? igual las de Evo Morales, líder cocalero entonces, y luego ya como presidente de Bolivia. ¿Por qué esas huelgas de hambre son válidas y las de sus propios ciudadanos no? Algo pasa en lenguaje del gobierno cubano, la insinceridad lo vuelve turbio.

Hay que marchar a la embajada cubana las veces que sea necesario hacerlo

Una de las muestras más inequívocas de que la política de ARENA de no restablecer relaciones con el gobierno de los Castro era equivocada, es que privaba a los simpatizantes de la disidencia cubana de la oportunidad de protestar civilizadamente en nombre de gente como Zapata Tamayo o Yoani Sánchez frente a la sede diplomática. Que no se preocupe la delegación de la isla, la derecha –aquí- no mancha paredes, no quemará su bandera, para ver eso hay que ir al boulevard Santa Elena.

El segundo motivo de la protesta: el temor que despierta en algunos sectores –equivocada o no- que una realidad similar pueda llegar a instalarse en el país. La superioridad moral con la que han actuado muchos funcionarios del FMLN después del resultado electoral y las recientes encuestas, hacen pensar que se podría confundir las simpatías con un cheque en blanco por parte de la población salvadoreña hacia el socialismo del siglo XXI. Existe dentro de algunos miembros del FMLN un odio hacia las personas que pensamos que su palabra es derrotable, de ahí que el recurso frente a la disidencia nacional sea con la banalización de las posiciones de derecha, incluimos aquí de igual el ridículo a estas posturas, o los pronósticos que la derecha esta acabada.

Protestar nos da la oportunidad de domesticar la parte salvaje del hombre y, eso hará mejor la vida en este mundo, tal como nos lo decían los antiguos griegos.

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