sábado, 8 de octubre de 2011

LOS INDIGNADOS, PROXIMO MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO EN LATINOAMERICA

Los Indignados, próximo movimiento revolucionario en Latinoamérica

Por Luis Montes Brito

Algunas de las características más importantes en los sistemas de vida de los países desarrollados han sido hasta hace poco que cualquier persona podía superarse, que la tasa de nivel de pobreza además de ser mínima mantenía una tendencia a disminuirse. Ahora esto ha cambiado y cada vez es mucho más difícil que sea posible. La brecha entre ricos y pobres se ensancha y prácticamente cada vez son más los que están condenados a morir pobres si nacieron de esa manera.

El pasado 17 de septiembre un grupo de varios cientos de personas en su mayoría jóvenes, frustrados por: la crisis económica, la voracidad de las instituciones financieras y la incapacidad o complicidad de los políticos para revertirla, decidieron agruparse y protestar en Nueva York.

El movimiento espontáneo fue denominado como “Ocupa Wall Street”, el corazón del capitalismo a nivel mundial. Este movimiento en la práctica es la antípoda del Tea Party.

Después de captar la atención a nivel mundial con la captura de 700 manifestantes, son varias organizaciones políticas y sindicales quienes intentan montarse en la ola de los indignados y conducir el movimiento hacia sus intereses.

Este movimiento gracias a la indignación general y al uso de las redes sociales ha logrado expandirse rápidamente dentro de Estados Unidos.

El combustible para esta ola de protestas son las diferentes y profundas frustraciones en cada uno de los países donde han surgido. El detonante que ha encendido este tipo de movimientos lo encontramos en las obras intelectuales, independiente entre si, de 2 respetados ancianos: Gene Sharp y Stephane Hessel.

El primero, Gene Sharp, estadounidense, Doctor en Teoría Política de la Universidad de Oxford e investigador de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard con sus obras: De la dictadura a la democracia y 198 métodos de acción no violenta.

El segundo, Stephane Hessel, francés de origen judío, uno de los redactores de la Declaración Universal de Derechos Humanos adoptada por la ONU en 1948, con su libro Indígnese! escrito por este diplomático.

Ambos autores incitan a romper con la indiferencia y la apatía de protestar, a la vez que proponen insurrecciones pacíficas, no partidaristas y anti dogmáticas.

Estimulan a los jóvenes a indignarse, afirmando que todo buen ciudadano debería hacerlo debido al rumbo actual del mundo, gobernado por poderes financieros que acaparan todo.

La obra de estos autores son señaladas como las motivantes directas de movimientos cívicos de protesta en Birmania, Bosnia, Estonia, Zimbabue, Túnez, Egipto, Israel, Grecia, España y ahora en Estados Unidos.

Ambos autores hablan con propiedad ya que fueron revolucionarios en su juventud, arrojo que pagaron con cárcel.

Sharp, estuvo preso nueve meses en una prisión federal en Danbury, Connecticut, por ser objetor de conciencia durante la guerra de Corea. En 1989, fue testigo de las protestas de la plaza de Tiananmen en China y en los noventa, se introdujo clandestinamente en un campamento rebelde en Birmania.

Por su parte Hessel huyó en 1940 de la Francia ocupada por los Nazis hacia Londres para unirse a la resistencia francesa. Fue miembro de la fuerza aérea, ingresando al servicio secreto conducido por Charles De Gaulle, ejecutó varias misiones siendo capturado y torturado en 1944 para ser enviado posteriormente al campo de concentración de Buchenwald.

Tal como ha sucedido con las diferentes corrientes sociales a través de la historia, la llegada de este tipo de movimientos a Latinoamérica es cuestión de tiempo y se irá dando en el mejor de los casos, de forma gradual y no como en el mundo Árabe que generó una reacción en cadena.

Las condiciones están dadas: gobiernos corruptos, ancha brecha social que en lugar de reducirse se amplía cada vez más, organismos financieros voraces, una clase media castigada severamente, insatisfacción generalizada con los gobernantes, complicidad o negligencia de la clase política.

En fín solo hace falta algún evento coyuntural que servirá de detonante para que este tipo de rebeliones pacíficas surjan de una a una en nuestros países. Hay que mirarse en el espejo estadounidense, donde desde hace muchos años no se tenían protestas como las que actualmente se están llevando a cabo en Nueva York y que ahora se están extendiendo rápidamente en las ciudades más importantes de la gran nación americana.

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