lunes, 31 de agosto de 2009

DE ADENTRO Y DE AFUERA- ALVARO RIVERA LARIOS

Articulo Publicado en el Faro.net
Álvaro Rivera Larios
el Periódico

Los salvadoreños que vivimos afuera no sólo mandamos divisas a El Salvador, desde hace unos años también mandamos palabras. Permitan que me explique: hilvano estas frases en un barrio de Madrid, España. Son las 12:30 de la noche y estoy en la ventana encendida de un tercer piso a miles de kilómetros de donde ustedes me van a leer. Vivo afuera de El Salvador, pero, gracias al misterioso comercio del lenguaje, estoy adentro.

En este preciso momento, un salvadoreño escribe un texto en la noche de Bayona. Se llama Manuel Sorto, tiene veintitantos años de vivir en Francia y sin embargo, cada semana, su voz se lee en la prensa digital salvadoreña. Vive afuera, pero también continúa adentro del país.

Otros rostros, en otras ventanas del mundo, se concentran en algún momento del día para mandar lo que sueñan o razonan a El Salvador. No sé hasta qué punto sea correcto decir que están lejos o que están afuera.

En términos físicos, políticos y legales vivimos en ciudades remotas y ya somos ciudadanos de otras naciones. Está claro que ahora no tenemos una experiencia directa de nuestro país, pero cada día por medio de la prensa, de los blogs y los correos electrónicos nos hacemos una imagen aproximada de los días que ustedes viven adentro. De alguna forma estamos ahí.

Esa permanencia conquistada por medio del lenguaje nos dice que las fronteras del adentro y del afuera son más problemáticas de lo que parecen. Es cierto que nos fuimos, pero también es cierto que cada semana nuestras palabras retornan a El Salvador. De alguna forma estamos ahí.

Escribimos afuera para gente que vive adentro. Este diálogo nos deslocaliza. Es cierto que vivimos en Sydney, en Roma, en Washington, en Bayona, en Madrid, pero también es cierto que nuestra conciencia y nuestras palabras mantienen un lazo vivo y fluido con el interior de nuestro país ¿Hasta qué punto continuamos afuera? ¿Hasta qué punto seguimos adentro?

Aunque lo parezcan, mis preguntas no son un ejercicio literario, creo que le atañen a la naturaleza de la cultura viva de El Salvador. No sólo mandamos divisas, también mandamos visiones, miradas y palabras que, al igual que el dinero, se convierten en un flujo activo e integrado a los ciclos de la vida simbólica de la comunidad salvadoreña.

El radio de nuestra presencia es complejo. Durante la pasada campaña electoral, nuestras voces, por ejemplo, intervinieron en la contienda. No evalúo su peso, sólo señalo que estuvimos ahí: valorando y debatiendo. Eso le da a la estructura de la opinión pública salvadoreña una nueva dimensión y esa nueva dimensión se les escapa a quienes siguen imponiéndole a nuestra cultura los viejas demarcaciones fronterizas del adentro y del afuera.

Lo que creamos y meditamos lejos contribuye activamente a la forma en que nos percibimos como sociedad. Novelas, poemas, cuadros e ideas que nacieron afuera se han convertido ahora en parte del paisaje simbólico de quienes viven adentro ¿Qué implica esto?

Ya no pueden sostenerse las viejas demarcaciones de un nacionalismo esencialista y provinciano. El nativo de El Salvador que pinta y crea en Los Ángeles no puede excluirse por principio de una historia de la pintura salvadoreña y lo mismo podría afirmarse de lo que escribe un periodista salvadoreño en Sydney y lo mismo también podría decirse de los versos que escribe un compatriota en Alemania.

No hay que pensar sólo en términos de territorio, hay que empezar a vernos cono una comunidad simbólica y heterogénea distribuida a lo largo de espacios separados.

Más de tres millones de salvadoreños vivimos fuera del país. Era de esperar que nuestra condición de emigrantes dejase una huella profunda en los lenguajes y las visiones de nuestra cultura. Algunos, cuando hablan del mestizaje, lo remiten al pasado y lo consideran como un proceso concluido y eso no es verdad: el mestizaje continúa, porque las señas que heredamos se mezclan con otras en la gran migración.

No podemos hablar de nuestra identidad cultural, si cerramos la frontera. Y es que el baile entre el adentro y el afuera ya forma parte de nuestros rasgos.

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